Loveyou.

Loveyou.

domingo, 23 de enero de 2011

La vida, ni tuya ni mia.

Me hubiera gustado verte una última vez, poder mirarte a los ojos y decirte cosas que no sé contarle a una carta. Nada salió como lo habíamos planeado. Te conozco  demasiado y sé que no me escribirás, que ni siquiera me enviaras tu dirección, que querrás ser otro. Sé que me odiaras por no haber estado allí como te prometí. Que creerás que te fallé. Que no tuve valor.
Tantas veces te he imaginado, solo en aquel tren, convencido de que te había traicionado. Muchas veces intenté encontrarte, pero me dijeron que  ya no querías saber nada de mí. ¿Qué mentiras te contaron? ¿Qué te dijeron de mí? ¿Por qué les creíste?
Ahora ya se que te he perdido, que lo he perdido todo. Y aun así no puedo dejar que te vayas para siempre y me olvides sin que sepas que no te guardo rencor, que yo lo sabía desde el principio, que sabía que te iba a perder y que tú nunca ibas a ver en mí lo que yo en ti. Quiero que sepas que te quise desde el primer día y que te sigo queriendo, ahora más que nunca, aunque te pese.
Te escribo a escondidas, sin que nadie lo sepa. No me dejan ya salir de casa, ni asomarme a la ventana. No creo que me perdonen nunca. No sé si te llegaran mis palabras. Pero si así fuera y decidieses volver por mí, aquí encontraras el modo de hacerlo. Mientras escribo, te imagino en aquel tren, cargado de sueños y con el alma rota de traición, huyendo de todos nosotros y de ti mismo. Hay tantas cosas que no puedo contarte. Cosas que nunca supimos y que es mejor que no sepas nunca.
No deseo nada más en el mundo que seas feliz, que todo a lo que aspiras se haga realidad y que, aunque me olvides con el tiempo, algún día llegues a comprender lo mucho que te quise.

Dudo que alguna historia tenga un final realmente feliz, los príncipes azules no existen, ninguno pasa de ser rana a príncipe, sino que todos se convierten en sapo e incluso los amores mágicos de las novelas se nos antojan subrealistas y muchos de ellos acaban mal hasta en la misma historia...
Nos gusta sumergirnos en libros llenos de historias, historias protagonizas por personajes que se nos hacen al alcance de nuestra mano, que nos hacen soñar para caer desde lo mas alto y llevarnos una ingrata sorpresa al descender.
Los sueños, sueños son. Y dudo que pocos de ellos se hagan realidad, ya no vale eso de cerrar los ojos, y concentrarse mucho bajo un cielo estrellado, a la espera de una señal que nos muestre que se hará realidad o simplemente que nos enseñe el camino.
Nada sucede por casualidad, la vida es la que pone las reglas a seguir, la que nos indica paso a paso, nos guste o no.

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